La Mujer de la Cueva de Cromañón
Título: Danza Fálica.
Artista: Anónimo.
Período Artístico: Mesolítico/Neolítico - Edad del Bronce
Fecha: 6000 - 1500 BCE
Medio/Técnica: Pintura sobre roca.
Lugar: El Cógul, Lérida, España.
En esta primera entrada introductoria al Arte desde el ojo de una Bruja, analizaremos la pintura rupestre encontrada en las cuevas del Cógul, pintura que nos concierne debido a las representaciones alegóricas de la mujer que allí se encuentran.
Esta obra de arte rupestre fue hecha sobre roca con pintura negra y rojiza (colores provenientes de insumos naturales como el barro y la ceniza, entre otros); se observa que la simulación del espacio tridimensional se representa a partir de la variación del tamaño de las figuras como, por ejemplo, mostrando en menor tamaño las que se ubican en el fondo mientras que las que se encuentran en primer plano se muestran más grandes alegando a la profundidad del espacio. Al parecer no hay ningún orden en la distribución del color al ser aleatoria su composición sin embargo, se muestra un alto contraste de matices. Las figuras se relacionan mediante alguna especie de ritual rítmico que correlaciona los lazos sexuales ejemplificados tanto en el aumento desproporcional de los genitales del hombre (su miembro) como de los senos de la mujer que, a su vez, representan la fertilidad de la tribu la cual, a pesar de atribuirse de forma plural dicha característica, proviene individualmente de la hembra. También se puede apreciar la connotación jerárquica del clan, que se deduce a partir de la ubicación de las mujeres alrededor del hombre, siendo estas simplemente un factor de diversión y placer para él. Se intuye que los animales allí plasmados son una muestra del ambiente festivo y natural que representa implícitamente la correlación de naturaleza como propiedad y ser humano como propietario. Respecto a su ubicación y lugar de exposición, la obra se encuentra en una cueva oculta dificultando así la mirada del espectador pero, al parecer, esta pintura no fue elaborada para ser vista por ajenos al autor sino más bien para deleite de los habitantes de dicha cueva que recurrían a ella para buscar refugio y protección. Finalmente, algo que llama mi atención en particular es la posición de las figuras femeninas respecto a la masculina, que se encuentra en medio de todas y en el centro de la Danza Fálica, incluyendo la simbología sexual que se muestra explícita, nos muestra la recurrente importancia de la figura masculina (incluso en los comienzos de la historia antigua) como representación del centro de toda festividad y ritual simbólico, de la sociedad en sí misma. De aquí a que podamos afirmar que el hombre se muestra como directriz absoluta y, como solía decir Simone de Beauvoir, medida de todas las cosas.

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