A mis hermanas


Estaba releyendo hace unas horas un libro feminista de una de nuestras grandes pioneras en el movimiento, Sulamith Firestone cuando, de repente, la impotencia por aquello que leía me causo una profunda tristeza que desbordó en lagrimas insesantes, porque me di cuenta que aquella exposición escrupulosa y aberrantemente veraz no era más que la narración de mi propia vida. Y ya sé, aunque suene redundante al decirlo (e incluso obvio teniendo en cuenta el contexto) debo admitir que jamás me había dolido tanto el aceptarlo. No había sentido tanto dolor, rabia e impotencia. Mi vida ha sido un constante proceso de aprendizaje y de autoreconocimiento por fuera del marco social que se me ha impuesto, al igual que a muchas mujeres, y con el que he tenido que cargar como una cruz maldita. Hoy, por primera vez, me siento más llena que nunca para efrentar esa realidad por muy dura e injusta que sea. Siento que es mi deber y mi obligación conmigo misma y mis hermanas, seguir en pie de lucha aunque sea soportando, manteniendo la esperanza de que todo esto cambiará algún día por muy lejano que parezca. Producto de esta reflexión es el siguiente texto:

A veces siento que vivo en una ilusión. En una mentira, falaz, sínica y ridícula. Una mentira a voces que todos gritan, pero nadie reconoce. Siento que la única forma de escapar de ella es escribiendo, plasmando lo que siento en está hoja en blanco sin recuerdo que a nadie le importa a ciencia cierta y que solo yo y mi misma leerán. Los que me encierran siguen ahí afuera; esperando, observando; viendo todos y cada uno de mis movimientos. Encadenando a mis hermanas y a mí con ellas. Su rostro se diluye al acercarse poco a poco…pero lo reconozco. Veo en él al opresor de siempre, al de toda la vida, al que ha dispuesto de mi existencia desde antes de mi concepción. Pero, ¿soy acaso la única? No, en absoluto. A todas nos borran la memoria, a todas nos quitan las armas y nos hacen trizas la esperanza de emanciparnos. Pero me niego a aceptarlo. Me niego a reconocer la realidad y no poder cambiarla. A ver nuestro futuro con melancolía y nada más.
Vivimos engañadas en un mundo de libertades que oculta su verdadero rostro de opresor. Nos encontramos encerradas dentro de una jaula de cristal, creyendo que somos libres por alcanzar a atisbar el paraíso entre las rejas...a pesar de que ese paraíso no nos incluya. La raíz del problema sigue allí, creciendo en silencio, tranquilamente y sin ninguna muestra de resistencia ya que a simple vista no existe; cuando en realidad sigue filtrándose a través de los minúsculos espacios, no menos importantes, que ha conseguido aparcar. Llenándolo todo y cubriéndolo todo, hasta el punto de envolvernos por completo bajo el entramado de mentiras e ilusiones que nublan la vista y oscurecen el alma. El Mito de la Emancipación, como lo llamó Sulamith Firestone, está hoy en día más presente que nunca; y el Patriarcado, con su poder de asimilación y control total, se ve demostrado en la opresión silenciosa que ninguna quiere ver.
Estamos muriendo por dentro, de a poco y en silencio, esperando que alguna venga a rescatarnos, cuando tenemos la conciencia plena de que nadie vendrá, porque en esta guerra eterna, las heroínas sobran y los héroes lo acaparan todo. Yace en nuestras manos entonces la oportunidad de levantarnos de nuevo, como nunca antes lo hemos hecho, y gritar con fuerza aquel nombre que por condescendencia masculina se nos concedió: Feministas. Si alguna vez han existido acaso la escapatoria y la verdadera libertad del ser humano desde su ethos entonces también la hay para nosotras porque, a pesar de los siglos de cautiverio eterno, permanece dentro de nuestra conciencia la llave de la revolución y la esencia misma de esta ya que, ¿quién más podría darle significado a la rebelión absoluta sino aquellas que han sufrido la opresión más grande en la historia de la humanidad?. Nosotras, las mujeres, cambiaremos el curso del destino y romperemos las mismísimas leyes de la naturaleza, para así alcanzar la expresión máxima de libertad que ni la pizca se nos ha dado a probar.
¿Conseguiremos vencer en esta guerra? ¿Alcanzaremos verdaderamente la libertad tan soñada? ¿O permanecerá acaso como un espejismo más, simple parte elemental de aquella jaula en la que nos han coartado la libertad? La respuesta, hermanas mías, la tendremos nosotras hasta el final.

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